EE.UU - La oculta minoría ignorada

La región conocida como Appalachia, conformada alrededor de la cadena montañosa Appalaches, es un misterio enclavado en el mismo corazón de los Estados Unidos. Está rodeada de las tierras más fértiles que se extienden de Norte a Sur por la costa este, pero sin embargo es la zona donde se concentran los mayores niveles de pobreza en todo el país.

La historia nos describe que ha estado habitada por seres humanos desde hace 10 mil años y la componen 13 estados que van desde New York en el Norte hasta Georgia en el Sur.

También se conoce que a pesar que en ella vemos hermosos paisajes, es palpable un alto nivel de contaminación ambiental y de degradación de sus suelos.

Sobre esta ignorada y vasta región geográfica que abarca 200 mil millas cuadradas (casi 322 mil kilómetros cuadrados) y 23.2 millones de habitantes en su mayoría blancos pobres, comprobamos que los principales gobernantes sólo la recuerdan en tiempos electorales, mientras que son ignorados sus problemas en los medios de prensa de mayor circulación.

Su decreciente población es mayormente rural y por sus profundas diferencias culturales con el resto del país sufren el mismo nivel de exclusión y desigualdad que los negros, los indígenas y los mexicanos.

Appalachia tiene una historia que es de las más atrayentes de toda Norteamérica y en la misma se palpa el sufrimiento de los desposeídos en un poderoso país que gasta demasiado en guerras infinitas y absurdas.

El historiador Ron Eller señalaba que aquella agraciada tierra fue transformada en una mercancía que se vendía barata a las productoras de carbón que durante años explotaron con saña a los humildes mineros de origen europeo.

Por todo lo anterior, aquel sistema político y su desigual opulencia nos recuerda lo dicho por Sir Francis Beacon: Lo malo cuando se disfraza de bueno, se vuelve pésimo.

Cuando llegó la Gran Depresión la situación empeoró y se ha quedado igual hasta el presente, pero lo peor es que la misma provocó un éxodo de personas pobres que huyeron hacia las grandes ciudades para incrementar los ghettos.

Ahora más que nunca los habitantes de esta región se han convertido en una minoría oprimida y discriminada que está por debajo de los niveles de vida en comparación con el resto de la población estadounidense, a pesar de ser blancos.

Como en el Tercer Mundo

Uno de cada cinco niños vive en la extrema pobreza y por lo menos 40 mil de ellos no tienen ni siquiera seguro médico.

Cerca del 30 por ciento de los niños que están en tercer grado no han visto a un dentista en toda su vida y en muchos de los 410 condados que conforman la región se observan las mayores tasas de mortalidad infantil.

Ellos son más propensos que el resto de los ciudadanos a morir de enfermedades cardiovasculares en una edad más temprana, apunta el investigador Stephen L. Fisher.

Es actualmente el sector poblacional que está más expuesto a la contaminación industrial y a substancias cancerígenas.

Allí también es donde hay centenares de viviendas que carecen de agua potable o baños interiores.

Tienen altos índices de cáncer y miles de ellos deben trasladarse a lugares muy distantes para poder recibir atención médica especializada, mientras que otros se conforman con la medicina natural por no tener recursos para la farmacéutica.

Sus resultados educacionales son los más bajos y generalmente se les considera por la clase media como gente lenta, vaga y falta de inteligencia, que hablan un dialecto que hace que les sea complicado comunicarse con personas de otras regiones, según los académicos Richard A. Straw y H. Tyler Blethen.

Algunos autores incluso los comparan con los pobres del Tercer Mundo por las pocas perspectivas futuras de que esta situación pueda rectificarse.

Lo cierto es que ellos tienen su propia música, historia, tradiciones, literatura y una muy distintiva forma de ser.

La inmensa mayoría nunca ha salido del estado donde residen, o ni siquiera de su condado y tienen el mayor por ciento de veteranos de las distintas guerras.

En cuanto a sus características y costumbres podemos decir que son apegados a su familia, extremadamente religiosos, gregarios y tienen un elevado sentimiento patriótico que en ocasiones adquiere matices xenofóbicos.

Cuando tomamos el mapa que ubica territorialmente a los principales grupos de odio estadounidenses observamos que es en Appalachia donde el Ku Klux Klan, el Partido Nazi, los fanáticos religiosos y otras milicias del poder ario extremistas tienen un mayor arraigo.

En un territorio donde otrora proliferó con fuerza arrolladora el movimiento obrero, hoy por la desesperación y la crisis social interna algunos han optado por seguir a los grupos armados racistas que abogan por desatar una guerra étnica y por el magnicidio.


Por Silvia González
ORBE
Quincenal de Prensa Latina

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