Memoria, emigración e inmigración. Apuntes para un debate en el Estado español

No hace falta realizar mucho esfuerzo de memoria para recordarnos que éste país ha sido pura emigración.

Desde los años 40 a los 80 los ciudadanos españoles buscaban nuevos horizontes de prosperidad económica y seguridad en diversas partes del mundo, dadas la cruel miseria material, cultural, social y política que padecía gran parte de la población tras la victoria de un régimen imitador de la praxis del fascismo alemán e italiano y que acabó con una de las Constituciones más avanzadas del mundo desde el punto de vista social. Numerosos fueron los países receptores del fenómeno migratorio español tanto por razones económicas como por razones políticas; el hambre, la persecución, la represión... empujaron a miles de ciudadanos a buscar refugio en países como México, Venezuela, Colombia, Cuba, Francia, Alemania, Bélgica, Argentina, Ecuador, Perú, Brasil, Rusia... Hombres y mujeres sencillos, intelectuales, militantes políticos, " los niños de la guerra", se vieron obligados a subir en barcos, aviones, caminos hacia horizontes desconocidos con el objeto de preservar simplemente la vida.

A finales de los años 80, la sociedad española comienza a estabilizar su realidad económica y política y con ello a revertir el fenómeno migratorio pasando de la emigración a la inmigración aunque con carácter no muy estricto pues los españoles seguimos emigrando incluso hasta el día de hoy. Lo cierto es que por esa época principalmente ciudadanos del Norte de África como Marruecos y países andinos como Perú, ven en éste país una posibilidad de progreso económico y de encuentro con la "madre patria".  Posteriormente y ya de forma más intensa ciudadanos de Colombia, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Argentina, Cuba, Venezuela, Rumanía, Polonia, Albania... formaran el ejército de inmigrantes que la industria del ladrillo, la agricultura, la hostelería y el servicio doméstico reclamaba; comenzábamos a vivir el status de nuevos ricos a nivel internacional pero...

Vino la crisis económica y con ella el desprecio social a un fenómeno que tantos aportes ha ofrecido al país desde el punto de vista económico, social y cultural; no olvidemos que las arcas de la Seguridad Social se encontraban en una grave crisis que fue superada por el importante aporte de la mano de obra extranjera.  Y los medios de comunicación, cómo no, se harán eco de estudios como el último Informe Racismo y Xenofobia 2.009 editado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración, donde se recoge la desaparición de los valores de reconocimiento y tolerancia de la sociedad hacia los ciudadanos extranjeros.

Por otra parte, Ayuntamientos como los de Torrejón de Ardoz en la Comunidad de Madrid o Vic en la Comunidad de Cataluña comienzan una línea de actuación donde la xenofobia institucional entra en la práxis política, procurando negar unos derechos esenciales de la ciudadanía que como Estado moderno y democrático habíamos logrado; se pretende negar el derecho a la educación y el reconocimiento de la universalidad de la sanidad a través del incumplimiento de leyes orgánicas tan importantes como la Ley de Bases de Régimen Local. Pero con anterioridad será la aprobación de la Directiva del Retorno, en el mismo seno de la Unión Europea, el prólogo a una cosmovisión xenofóbica de un área geográfica que tan intensamente predica la Globalización económica de los capitales y desprecia el derecho de los trabajadores extranjeros a buscar nuevos horizontes de progreso y dignidad existencial; y no podemos ignorar que ésta Europa del progreso fue construida con los importantes aportes de la emigración-inmigración de turcos, españoles, argelinos, marroquíes, chilenos, ciudadanos del este... que pusieron sus manos e inteligencia al servicio de países tan prósperos como Alemania, Italia, Francia, Holanda, etc.

En este contexto de lo que se trata es de criminalizar al inmigrante con el fin de generar una mayor capacidad electoral con la que poder gobernar; en esa vergonzosa dinámica entran gran parte de las fuerzas políticas de espectro español y europeo. Pero cabe preguntarse, ¿donde están los auténticos responsables de ésta crisis? ¿Porqué no se les criminaliza a ellos y sin embargo se trata a los inmigrantes como cabeza de turco? ¿donde están los directores de bancos, grandes complejos empresariales, presidentes de patronales, etc,  que se hicieron aún más ricos a través de la estafa, el despropósito y la mala gestión económica? ¿donde están los Concejales de Urbanismo y Alcaldes que fueron elegidos para administrar nuestros bienes y confundieron el objeto de su mandato con el de simples delincuentes públicos? ¿y los casos Gurtel? y tantos y tantos ejemplos que han contaminado la realidad social de nuestras sociedades, pero sin embargo la ciudadanía ejerce el rechazo a la inmigración como fórmula de escape de su mediocridad, impotencia y falta de capacidad de acción y reflexión.

Hace unos años una escritora de cierto prestigio en España nos recordaba un texto que podía leerse en lugares de la moderna Francia de los años sesenta; en un bar cualquiera de París  los emigrantes españoles encontraban  el siguiente texto "Absténganse de entrar perros y españoles", y es que los "nuestros" emigrantes no siempre fueron tratados con dignidad, y a pesar de lo dicho por tanto predicador de la nada, no todos los españoles llevaban sus papeles en regla pues muchos de nuestros emigrantes formaban parte del "ejército de los sin papeles" .  Entonces porqué ubicarnos ahora en el olvido, en la práxis de la religión de la desmemoria y en la mediocridad de los sistemas xenofóbicos. Fuimos emigrantes y estamos obligados a reconocer a los inmigrantes como ciudadanos dignos en un Estado democrático digno con reconocimiento total de los derechos fundamentales y libertades públicas.

Y para terminar con éste polémico texto de reflexión, una simple pregunta: ¿Que pensaríamos si los países del ámbito latinoamericano ejercieran la expulsión con nuestros queridos emigrantes españoles, de la misma manera que ejercemos nosotros la expulsión con sus ciudadanos? ¿qué sucedería si por cada inmigrante que encerramos en los CIEs en España, encerrasen durante 60 días a nuestros "queridos emigrantes españoles" en Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador...? No quiero ni imaginar la respuesta social, política y diplomática del Estado español, y por supuesto culpabilizaríamos a Hugo Chávez de lo sucedido, llamándole "autoritario" "dictador" "loco" "amigo de Fidel"... Valiente hipocresía la de la Península Ibérica.

J.R. Rodríguez.
Ajintem/Midh
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